En estos días de aislamiento voluntario en los que las horas pasan tan lentas y el afán de correr una carrera, ya perdida contra el minutero, se ve ridícula cuando tenemos que pasar de la cama a la oficina en casa. En estos días cuando la carrera diaria y a muerte contra el transporte masivo, el aguante hasta las quincenas, el tráfico, las citas innecesarias y reuniones que pudieron ser un correo electrónico se ven tan lejanas... el arte se se siente como un bálsamo para hacer las paces con el paso del tiempo; la música se impone como mediadora en el transitar de las horas. En estos días nos refugiamos en los libros, en el cine, en los podcast, en los comics, en losdibujos, en las historias que no son nuestras.
En días como estos, el arte nos salva. Nos salva de los virus, del encierro, de las filas en los supermercados, de la mezquindad de los políticos que no entienden de salud, ni de bienestar, ni de humanidad, ni de empatía, ni de una puta mierda.
Gracias arte por ayudarme a entender el mundo, por darme algo a qué aferrarme cuando la realidad se vuelve hostil, por recordarme que vivir para crear, vale la pena.
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